Día de la Independencia desde Bogotá

El 20 de julio era el Día de la Independencia en Colombia y me fui para el desfile en la avenida 68 de Bogotá.   En el evento, participaron 12,000 uniformados con una revista aérea de helicópteros Black Hawk, y 117 aviones.  Miles de colombianos asistieron.  Me di cuenta de cuán militarizado está el país, cuánto apoyo tienen los militares, y cuán normal se considera esta cultura militarizada para un país en el cual la mayoría nunca ha conocido la paz.  Transformar esta cultura a una cultura de paz no va a ser nada fácil.IMG_0152IMG_0051IMG_0023IMG_0060

Este era un desfile para reconocer a los veteranos de las guerras tanto como a los soldados y otros miembros de la fuerza pública, así no hay que sorprendernos demasiado de los grandes aplausos por los que han servido a su nación.  Me hizo reflexionar sin embargo en qué viene después–para los militares, para la sociedad colombiana, y para los insurgentes cuyos líderes se sientan en la mesa de conversaciones en La Habana, que se iniciarán de nuevo la semana entrante. ¿Qué pasará con toda esta energía y orgullo en el momento de firmar algunos acuerdos e iniciar una transición hacia la paz?

En la guerra, los militares se entrenan para considerar al otro como enemigo no digno de vivir.  Esta deshumanización del otro justifica la guerra, se propaga en los medios de comunicación, y las actitudes llegan a penetrar toda la sociedad.  Estas mentalidades no se va a poder cambiar fácilmente o sin gran intención. ¿Cómo entonces dar un lugar en la sociedad a las personas que dejan la guerra cuando el público las ve desde hace décadas como enemigos?  ¿Cómo transformar estas mentalidades hechas por y surgidas de la guerra a mentalidades de convivencia y reconciliación?

En cuanto a las insurgencias,  ¿qué papeles se les pueden dar para que se incorporen de nuevo a la sociedad?  ¿Qué se necesita para prepararlos a sus nuevos roles, porque ellos también llevan años de formación en la guerra?

¿Qué alternativas habrán para todos los que han tomado armas–los del Estado tanto como los grupos fuera del Estado?  Estos dos grupos tienen algo en común y algunas grandes diferencias.  Tienen en común que la cultura colombiana (como la mía y muchas otras) elogia al hombre que se sacrifica por la nación al tomar las armas. Sin buscar cambiar la cultura que destaca e incentiva la violencia como algo heróico y el papel del hombre como protector a través de esta violencia, difícilmente se cambia la sociedad.

Un sacrificio no apreciado

Para la mujer, la experiencia ha sido otra, y la transición a la paz le va a presentar desafíos diferentes.  La cultura rinde homenaje a la mujer que se sacrifica por su familia, pero no parece querer sus sacrificios en lo político-militar.  Muchas sociedades se siente más cómodas pensar en la mujer como víctima (y a menudo lo es en la guerra–ver “Congresistas dicen que Fuerza Pública es principal agresor de mujeres“) que como sujeto político.  Aunque su rol no ha sido siempre reconocido en la historia, la mujer en la colonia participaba en las batallas para la independencia tanto como en generar las ideas ilustradas que dieron paso a la república.  Como dice Pablo Rodríguez Jiménez en su libro,  Las mujeres en la independencia de Colombia

“La presencia de las mujeres no sólo fue numerosa y notable en las distintas fases de la independencia, sino que se dio a través de muy diversas maneras. Conformaron la multitud que en las jornadas del 20 de julio reclamó la creación de la junta, apoyaron a uno u otro bando en la llamada “patria boba” y bajo el régimen del terror instaurado por Pablo Morillo se sumaron decididamente a la causa patriota.”

Hay un porcentaje pequeño de mujeres en la fuerza pública en Colombia hoy, y vi muy pocas en el desfile del 20 de julio.  La mujer ha sido militante en todos los grupos alzados en armas en Colombia, y su participación ha sido más en las FARC-EP que en cualquier otro grupo armado aquí.  Sin embargo, entrar en la guerra para la mujer exige transgredir  las normas establecidas por la sociedad, y la sociedad en general la desprecia o la esconde cuando cruza estas fronteras como si hubiera hecho algo que da vergüenza. Cuando las mujeres ex-combatientes vuelven a casa, les cuesta integrarse en las familias y en la sociedad, y en el pasado los hombres que negociaron los acuerdos de paz no prestaron mucha atención a sus necesidades.  Las ex-combatientes en general han sido muy estigmatizadas.

Aparte de su rol desconocido en el ámbito político-militar, las mujeres en su mayoría en Colombia llevan muchos años participando en la construcción de la paz, negociando con actores armados, y buscando crear un ambiente propicia para la paz.  Su trabajo en esta área recibe poca atención o valorización.

¿Culto a lo militar?

Como la industria militar genera trabajo e ingresos, el desfile para celebrar la Independencia también creó un evento que ofreció claras oportunidades económicas para los comerciantes pequeños.  Ofreció un ambiente de bienestar–las marchas eran un espectáculo y la música era de fiesta.  Lucían los jóvenes en lo almidonado de sus uniformes.  Había una alegría compartida entre familias y un orgullo arraigado en el compartir de una victoria militar contra los españoles hace 203 años atrás.

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IMG_0055Se pintaron las caras de los jóvenes en rojo, azul, y amarillo–colores de la bandera colombiano.  Algunos de los chicos se pintaron de camuflaje.  Andaba pensando en cómo tales celebraciones ofrecen a los niños y sus familias la visión de un sueño que puede aparecerles muy atractiva.  Para los chicos, una carrera militar les ofrece la posibilidad de participar en algo más grande que uno y la posibilidad de llegar a ser un “héroe” moderno.  Los jóvenes a menudo añoran pertenecer a un grupo y ser reconocidos.  Muchos simplemente quieren trabajo, educación, o disciplina.  Cuando mi hija se graduó del colegio público (high school), representantes de las academias militares de mi país hicieron gran teatro al presentar  facsímiles de cuatro cheques– de tamaño de esos grandotes que siempre regaló Ed McMahon, un cómico norteamericano–de $100,000 dólares (188,323,917 COP) a cada uno de 4 estudiantes que había ganado esta beca.  Me hizo preguntar, ¿por qué no dedicamos recursos parecidos a los estudiantes que quieren trabajar por la paz?  Hay tantos incentivos para la guerra.  ¿Cómo se podría cambiar el sistema de incentivos para fomentar una cultura de paz basada en la seguridad humana, y una sociedad donde todos tienen acceso a la comida, educación, salud, y vivienda?

Me confirmó la necesidad de incentivar la paz cuando leí una entrevista con un jefe militar del ELN que acabo de entregar su grupo.  Dijo que nació en Cauca donde había presencia de muchos grupos armados, y que a los 16 años todos le hicieron propuestas.  “Llegó un comandante “eleno” con las propuestas de aprender y estudiar,” dijo.  “Eso me gustó.” (Ver la entrevista aquí).

 

Costos de la guerra

La celebración del día de la independencia, con excepción de algunos veteranos que participaron en sillas de ruedas o a quienes faltaban alguna parte del cuerpo, descartaba o minimizaba los costos de la guerra.  Es una fantasía pensar que la guerra es una fiesta.  Los costos son reales. Las víctimas, cada vez más civiles que no han elegido ser parte del conflicto, sufren los actos de guerra en zonas desconocidas por muchos de los élites en Bogotá.

Cultura de Paz 

El conflicto ha llegado también a Bogotá, que “atiende semestralmente alrededor de 200 mil personas desplazadas por la violencia, lo cual implica un promedio diario de 50 nuevos desplazados en la capital colombiana, que reciben atención en salud, educación, y vivienda.”  (Ver artículo.) Conocí a algunos de ellos que habían llegado desde Chocó.

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“Que otros se feliciten por la guerra.  Yo me la juego por la paz,” pronunció Presidente Santos al inaugurar el período legislativo 2013-2014.  Está bien, pero hay que mirar cómo crear una cultura que acepta a los que han luchado en las guerras, y los que han sufrido su impacto.  Eso requiere ritos, ceremonias, educacíon, incentivos, y actos culturales destinados a cambiar las actitudes bélicas y fomentar una cultura de paz.  Esa transformación requiere la creatividad para hacer la paz más atractiva que la guerra.

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About Ginny Bouvier

Love reading, writing, thinking, and working with people to make the world a better place. Family and friends, yoga, travel, photography, perusing dessert menus keep me sane. Latin American enthusiast. Peace practitioner yearning for justice. Heading up the Colombia program at the U.S. Institute of Peace, but tweets and posts are my own.
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4 Responses to Día de la Independencia desde Bogotá

  1. James C. Jones says:

    To demilitarize not only the armed actors, including the Colombian State, but also the citizen mentality. An enormous challenge…

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  2. Norma Inés Bernal Vélez. says:

    Hola Ginny, aprovechaste bien el 20 de julio. Yo nunca he estado en el desfile. Será que si hay negociación…

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  3. Excelente comentario. Celebremos la paz, no la guerra.

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    • Gracias, Elvira. Es mas dificil de lo que uno pensaria. Creo que el informe de memoria historica busca celebrar la dignidad y las resistencias de las víctimas, y eso es un primer paso importante.

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