La responsabilidad ética de la paz

3 de octubre de 2013

Ayer los delegados del gobierno colombiano y las FARC-EP iniciaron el ciclo 15 de la mesa de conversaciones en La Habana.  El diálogo se trata del tema de la participación política y siguen buscando crear acuerdos para terminar el conflicto interno armado.  Les quedan temas difíciles como la seguridad jurídica y la refrendación del acuerdo.

Conscientes de que las presiones para apurar el proceso aumentan, sigue muy presente la responsabilidad moral de “garantizar la efectividad del proceso y concluir el trabajo sobre los puntos de la Agenda de manera expedita y en el menor tiempo posible, para cumplir con las expectativas de la sociedad sobre un pronto acuerdo.”  Cada parte se comprometió a estas condiciones cuando firmó el Acuerdo General el año pasado, e insisten en que están cumpliendo con esta promesa.  El proceso avanza.

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Mientras tanto, hay mucho que hacer para preparar el terreno.  Se nota con más claridad cada día que un acuerdo de paz es una condición necesaria pero no suficiente para la paz.  Eso no quiere decir que no importa un acuerdo.  Al contrario, es indispensable.  Sin embargo, la paz no va a llegar del aire y tampoco se va a dejar caer gota por gota de la mesa en La Habana hasta llegar a los territorios y regiones colombianos.   Así nos advirtió mi colega sudafricana, Andries Odendaal, en el lanzamiento de su nuevo libro, A Crucial Link: Local Peace Committees and National Peacebuilding la semana pasada en el Instituto de Paz (USIP), cuando dijo que la dicha teoría del “trickle-down” no funciona con relación a acuerdos de paz.

Dado que la mitad de los acuerdos de paz fracasan dentro de los primeros cinco años después de firmarse, la construcción de consensos sobre cómo avanzar una vez hecho el acuerdo es un trabajo urgente.  Los consensos–en la mesa tanto como en la sociedad–son indispensables para el éxito del acuerdo.  Por supuesto, van a haber tareas de tipo educativo y técnico para capacitar a la ciudadanía para participar en un proceso de refrendación y para la implementación del acuerdo, pero hay también procesos profundos de sanación y transformación cultural que serán necesarios para la reconciliación del país.

Como es a nivel local donde se siente con más intensidad la violencia del conflicto, es en las comunidades donde víctimas, desplazados, ex-combatientes, autoridades locales, y residentes deben encontrar la manera de convivir, enfrentarse al pasado, construir memoria histórica, y forjar o fortalecer mecanismos para resolver conflictos nuevos que pueden surgir.  La creación de una cultura de paz exige que la ciudadanía asumiera la responsabilidad de fomentar la convivencia pacífica, si no la reconciliación misma.

¿Cómo preparar la paz a nivel local?

¿Cómo puede la sociedad civil prepararse para la construccion de paz y lo que vendrá después del acuerdo?  Hace dos años, les acompañé a algunas mujeres que después formarían el Colectivo de mujeres de pensamiento.  Viajábamos de Bogotá a Barrancabermeja en el departamento de Magdalena Medio con una delegación de filipinas constructoras de la paz.  (Fotos aquí.)  Era parte de un intercambio entre Filipinas y Colombia,  auspiciado por Conciliation Resources de Londres e impulsado por Rosa Emilia Salamanca de la Corporación de Investigación y Acción Social y Económica (CIASE).  Las participantes eran bien diversas–de las fuerzas públicas, la academia, religiosas, empresarias, mujeres ex-combatientes, y mujeres de distintas generaciones, géneros, etnias, y perfiles socio-económicos.  En cada viaje que se hizo en conjunto, me dijeron las mujeres, se iban conociéndose, compartiendo historias, y construyendo nuevos conocimientos basados en las perspectivas diversas del grupo sobre qué es la paz y cómo se la puede lograr.

Los intercambios inspiraron un proceso de reflexión profunda que resultó en una serie de “diálogos difíciles” entre ellas.  Estos diálogos luego impulsaron la creación del Colectivo de Pensamiento y Acción Mujeres, Paz, y Seguridad.  La formación del grupo demuestra cómo se puede enriquecer la paz rescatando y aprovechando de la diversidad de un grupo heterogéneo.  La experiencia del Colectivo además destaca que el diálogo es un proceso que se debe hacer de manera muy intencional, buscando como meta la comprensión de la perspectiva de la otra persona.

Pacto ético por un país en paz

IMG_0108Este miércoles, el 3 de octubre, a las 6 de la noche, el Colectivo se reunió en la Universidad Javeriana en Bogotá para lanzar una iniciativa nueva y audaz–un “Pacto ético por un país en paz.”  El pacto que se presentó al público reconoce que las negociaciones “son uno de los caminos para lograr una paz transformadora, sostenible y duradera,” e insta a las partes en La Habana de no levantarse de la mesa hasta lograr un acuerdo.  También el pacto destaca que hay “otros caminos” hacia la paz más allá de una mesa de conversaciones.  El pacto ofrece uno de estos caminos.  Convoca al público de firmar y ofrece un derrotero–que sirve como un acuerdo general desde la sociedad civil– para la transformación ética del país.

Un plan de 15 puntos 

La iniciativa lanzada por el Colectivo de Pensamiento y Acción Mujeres, Paz y Seguridad ofrece algunas ideas provocadoras e innovadoras de cómo construir la paz y profundizar la democracia, garante de la paz.  Las y los firmantes del pacto se comprometen a considerar e implementar 15 puntos de un plan de transformación ética.  El compromiso implica:

  1. Reconocer la humanidad y el derecho a la vida de todas y cada una de las personas que habitamos este país.
  2. Reconocer, respetar y valorar la diversidad y las diferencias políticas: nadie tiene la verdad absoluta.
  3. Reclamar la noción y práctica del Estado que acoja la diversidad étnica y cultural del país.
  4. Defender una política de seguridad centrada en los seres humanos y basada en el respeto integral y efectivo de sus derechos.
  5. Promover el respeto y realización efectiva de los derechos humanos y la justicia económica por parte del Estado, las Empresas y la Sociedad en su conjunto.
  6. Transformar nuestras prácticas culturales autoritarias excluyentes y ejercer relaciones equitativas entre hombres y mujeres.
  7. Rechazar categóricamente todas las formas de violencia hacia las mujeres y convertirlas en prácticas políticas y culturales inaceptables.
  8. Construir ideas y prácticas de “justicia justa” en un marco legal que respete la dignidad humana de todas y todos.
  9. Desterrar las prácticas oportunistas, corruptas, manipuladoras y criminales presentes en todos los sectores del país.
  10. Reconocer y superar el profundo dolor causado por todas las violencias que nos desgarran desde hace décadas.
  11. Promover diálogos activos cuidando a las personas que piensan de forma diferente para cambiar la visión de que quien no está conmigo está contra mí.
  12. Elaborar una memoria plural que recoja los diferentes sentires y visiones sobre lo ocurrido y garantice la no repetición de esta tragedia.
  13. Identificar y cuestionar los intereses, imaginarios y mitos que mantienen la violencia.
  14. Promover y exigir formas éticas no violentas de ejercer la política en todos los niveles dando valor a lo público como patrimonio colectivo.
  15. Defender y consolidar nuestra participación activa en los espacios ciudadanos de concertación y debate político y la noción de oposición como parte de la dinámica de construcción democrática.

Cada uno de los puntos se destina a generar acciones pedagógicas, animar diálogos políticos, y ofrecer pistas para seguir adelante.  El pacto señala la necesidad de abrazar a la diversidad como algo positivo como un elemento fundamental de la construcción de una cultura democrática.  La valorización del otro es a menudo problemática en zonas donde el conflicto ha dividido la sociedad en dos campos–los “amigos” que piensan igual que uno y los “enemigos” que piensan de manera diferente.

El pacto es sólo una de muchas iniciativas que se encuentran en Colombia hoy.  Su lanzamiento abre el camino para una transición desde la sociedad civil de la guerra hacia la paz–una  transición que implica la responsabilidad no sólo de los grupos armados sino de toda la sociedad.   Por ende, no hay que esperar impasiblemente mientras las partes buscan crear consensos en la mesa en La Habana.  Que lo hagan, pero mientras tanto hay mucho que hacer fuera de la mesa también.

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About Ginny Bouvier

Love reading, writing, thinking, and working with people to make the world a better place. Family and friends, yoga, travel, photography, perusing dessert menus keep me sane. Latin American enthusiast. Peace practitioner yearning for justice. Heading up the Colombia program at the U.S. Institute of Peace, but tweets and posts are my own.
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3 Responses to La responsabilidad ética de la paz

  1. Ginny, nos hiciste mucha falta en el lanzamiento del Pacto…estuvo realmente emocionante, lleno total en el auditorio Jose Felix Restrepo de la Universidad Javeriana. Te envío luego toda la información. Un abrazo gigante.

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  2. Pingback: Welcome News for Thanksgiving and a New Mechanism for the Peace Table | COLOMBIA CALLS

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