Ciclo 18: Cultivos ilícitos y narcotráfico

15 de diciembre de 2013

En la decimoséptima ronda de conversaciones desde el 28 de noviembre hasta el 8 de diciembre, las delegaciones de paz del gobierno colombiano y de las FARC-EP discutieron el tema de los cultivos ilícitos y el narcotráfico–el cuarto tema en la agenda acordada por las partes el 26 de agosto de 2012.  Se sigue hoy con el tema en el ciclo 18 desde el 15 hasta el 20 de diciembre.  De allí se piensa retomar el tema en un nuevo ciclo el 13 de enero de 2014.  Mientras tanto, el Estado Mayor Central de las FARC-EP anunció el 8 de diciembre un cese unilateral de “fuegos y hostilidades” por un mes a partir del 15 de diciembre hasta el 15 de enero de 2014 como señal de su voluntad de paz y como respuesta al “clamor nacional” para la paz.  El gobierno seguirá sus operaciones militares sin interrupción.

Cultivos ilícitos y conflicto

El tema de los cultivos ilícitos y narcotráfico ha sido un nudo difícil del conflicto y hay mucha variación regional.  Los cultivos ilícitos han ofrecido a los campesinos cómo sobrevivir en zonas caracterizadas por la pobreza, la marginalización, la falta de servicios básicos del estado, y han dado unas posibilidades generar ingresos.  La lógica económica (a veces relacionada también al tema de seguridad física) favorece los cultivos ilícitos y el narcotráfico en muchas zonas remotas.  La hoja de coca es más fácil sembrar y recoger, produce más renta, da más cosechas, y es más resistente a cambios de clima y enfermedades que otros cultivos lícitos.  Los costos relativamente bajos de producción y de transporte le favorecen a la coca.  Y los que cultivan la coca tienen un mercado asegurado con los narcotraficantes, quienes asumen los costos del transporte, y el procesamiento químico de la materia prima para vender con gran rentabilidad la pasta básica y la cocaína.

Hay sin embargo una relación fuerte entre las economías ilícitas y la violencia en las comunidades donde hay cultivos ilícitos.  En estas comunidades aumenta la presencia de actores armados, criminalidad, y inseguridad, y los campesinos de estas zonas a menudo son estigmatizados como auxiliares guerrilleros.  En un foro regional en San José del Guaviare a principios de octubre, Fabrizio Hochschild, coordinador de la ONU en Colombia, subrayó el efecto “nefasto desproporcional” de los cultivos ilícitos y el narcotráfico sobre las mujeres y los jóvenes.  “En el caso de las mujeres, escuchamos testimonios sobre cómo se incrementan la prostitución, las violaciones, el uso de mujeres como mulas y el embarazo adolescente.  También escuchamos testimonios sobre  un incremento en la violencia intra-familiar,” resumió Hochschild.  “En el caso de los jóvenes, se ha visto un aumento en la deserción escolar, pérdida de la identidad campesina tradicional y del arraigo a sus territorios. Y, además, donde hay cultivos ilícitos hay una vulnerabilidad mayor al reclutamiento de niños y adolescentes para involucrarlos en actividades de producción y tráfico,” dijo.  (Ver sus comentarios completos aquí.)

El narcotráfico ha nutrido el conflicto interno armado en Colombia durante décadas y ha sostenido a los actores armados.  Como dijo el Presidente Juan Manuel Santos en un discurso frente a la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, “Esta actividad ilícita ha sido la principal fuente de financiación de la violencia y el terrorismo en mi país –y yo diría que en el mundo– en los últimos tiempos.”

Una Colombia sin coca

Presidente Juan Manuel Santos planteó la idea de una Colombia sin conflicto y sin coca en su discurso frente a la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre.  Dijo, “Si logramos que la guerrilla, una vez desmovilizada, cambie de lado y se convierta en aliada del Estado para poner un dique al narcotráfico y terminar los cultivos ilegales, ¡imagínense lo que eso significaría!  Una Colombia sin coca y sin conflicto era un sueño imposible que ahora podemos hacer posible, para bien de los colombianos y del mundo entero.”  (Ver el discurso aquí.)

Esta visión ya figura como parte del discurso de los negociadores.  El 27 de noviembre, antes de viajar a La Habana para comenzar el ciclo 17 de conversaciones, el negociador principal del gobierno colombiano Humberto de la Calle dijo, “Queremos un campo sin coca, queremos que nuestros campesinos dejen atrás definitivamente estos cultivos, que lo único que ha dejado en estas regiones es violencia, pobreza y marginalidad”. (Ver su declaración aquí.)  Reiteraba lo que venía diciendo desde hace tres meses (ver su declaración del 28 de agosto).

Por su parte, Iván Márquez, jefe de la delegación de paz de las FARC, se ha pronunciado a favor de la idea de una Colombia sin coca (ver su entrevista aquí).  Además, Jorge Torres Victoria, alias “Pablo Catatumbo“, otro de los negociadores de las FARC en los diálogos de paz de La Habana, ha reiterado que las FARC aspiran “vivir en una Colombia sin coca.” (Ver sus declaraciones al respeto aquí.)

Se nota que las partes reconocen la necesidad de abarcar el tema desde una perspectiva dentro de una reforma agraria rural que ofrece nuevas opciones y apoyos al campesinado.  También se nota que el debate ya no se plantea dentro de un discurso sobre el narcoterrorismo como el eje del conflicto. Estos ya son avances importantes.

El gobierno y las FARC han sugerido que un acuerdo de paz podría resolver el problema de cultivos ilícitos y narcotráfico.  El acuerdo sobre el desarrollo rural integral que se aprobó en mayo ofrecerá nuevas opciones para los campesinos que, si son suficientes, pueden desvincular el campesinado de su dependencia sobre los cultivos ilícitos.  Por otro lado, se considera que con el fin del conflicto armado, no habrá necesidad de plata, extorsión, e impuestos de los cultivos ilícitos y el narcotráfico para sostener la organización e infraestructura de los grupos armados.  Además se supone que con una política que exige más regulación de la industria habrá menos rentabilidad para el narcotráfico.

Hay que manejar expectativas

Mientras una “Colombia sin coca” parece una buena meta y las últimas estadísticas sugieren que la producción de la coca está bajando, hay que manejar con cuidado lo que se puede esperar del proceso de paz.  Las FARC no tienen un monopolio sobre los cultivos y el narcotráfico, y la industria no es tan fácil de controlar.  Las FARC no han sido los únicos que se benefician del narcotráfico.  Otros grupos armados que no participan en la mesa de paz en La Habana están muy metidos o sacan provecho del narcotráfico y otras actividades ilícitas relacionadas.  Estos grupos incluyen las llamadas bacrim (bandas criminales) tanto como dueños de tierras, funcionarios del Estado, y miembros de las Fuerzas Públicas. Hay grandes intereses financieros, cruzados por la criminalidad, corrupción, y una industria de lavadólares.  Hay también una historia de violencia contra los que han atrevido a denunciar los narcotráficantes.

En cuanto a la transformación del campo, cuesta tiempo identificar alternativos de desarrollo para cada territorio, diseñar e implementar programas apropiados con las comunidades, y asegurar que habrán mercados para nuevos productos.  Estos programas pueden requerir una serie de actividades paralelas y previas–como sistemas de créditos, tecnología, y la construcción de caminos. Ni los cultivos ilícitos ni el narcotráfico van a desaparecer de un día al otro, así es importante manejar las expectativas.

Propuestas 

En las últimas semanas, las FARC han presentado numerosas propuestas, entre ellas una lista de 10 propuestas mínimas para una “política antidrogas integral, soberana, democrática y participativa, orientada a los pobres del campo y a los consumidores.”  (Ver documento aquí.)  Las propuestas incluyen una llamada para inversión en el desarrollo alternativo, tanto como la legalización de los cultivos ilícitos, la suspensión de fumigaciones aéreas, y la legalización y de-criminalización del consumo para eliminar la rentabilidad de la industria.  Han re-planteado también un proyecto piloto en Cartagena del Chairá (Caquetá) que propusieron en los diálogos en Caguán bajo la administración de Andrés Pastrana pero que nunca se logró avanzar.

Las FARC han destacado la necesidad de involucrar a los Estados Unidos y Europa en la solución al problema y llamaron para una conferencia internacional sobre narcotráfico.  “Sin su compromiso para contribuir a la reducción de la demanda, enfrentar los problemas del consumo y combatir el blanqueo de dinero en sus respectivos países, no hay lugar para una solución real y efectiva al problema de las drogas ilícitas,” dijo Iván Márquez.

Una conversación global

Las ideas que se discuten en la mesa de conversaciones en La Habana reflejan una conversación global sobre el tema que ha sido liderada por los latinoamericanos desde hace tiempo.  Las propuestas comparten muchas ideas del Informe de la Comisión Global de Políticas de Drogas (junio 2011) de un grupo de presidentes, ex-presidentes, y notables latinoamericanos, y del informe de mayo 2013 de la Organización de Estados Americanos (El problema de las Drogas en Las Américas) que fue resultado de un mandato de los líderes hemisféricos en la Cumbre de las Américas del año pasado.  En su visita reciente a Washington, Presidente Juan Manuel Santos habló de sus éxitos en la lucha contra-narcótica, pero también notó que era un poco como estar manejando una “bicicleta estática” y destacó el papel importante de América Latina en la búsqueda de soluciones. (Ver mi artículo aquí.)

Ya se acepta que el narcotráfico es un tema regional, pero de hecho es un tema global con más involucramiento cada día de los mercados en Africa occidental y otras partes, y con una red de países que ofrecen el tránsito de las drogas.  La cooperación internacional, la responsabilidad compartida entre países productores y consumidores de drogas, y la necesidad de acercarse al problema desde una perspectiva de salud pública ya no son tan controversiales como hace quince años.  Hace años atrás en una visita a México, Secretario de Estado Hilary Clinton aceptó la co-responsabilidad de los Estados Unidos por el consumo que impulsa el mercado ilícito de drogas.  El Presidente Barack Obama y sus asesores ya hablan de la necesidad de políticas de prevención y trato médico a los adictos.

El tema de la regulación y la legalización sigue en debate.  En los EEUU, Colorado y Washington votaron para la legalización de la venta controlada de marihuana.  El 10 de diciembre, Uruguay se estableció como el primer país en el mundo a establecer un mercado de marihuana controlado por el estado.  (Ver artículo del tema aquí.)  Los cambios vienen llegando.  Será interesante ver cómo desde la mesa en La Habana se puede contribuir nuevas soluciones.

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About Ginny Bouvier

Love reading, writing, thinking, and working with people to make the world a better place. Family and friends, yoga, travel, photography, perusing dessert menus keep me sane. Latin American enthusiast. Peace practitioner yearning for justice. Heading up the Colombia program at the U.S. Institute of Peace, but tweets and posts are my own.
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3 Responses to Ciclo 18: Cultivos ilícitos y narcotráfico

  1. Excellent, informative and fair coverage at a level that´s not available elsewhere. Thank you for this resource.
    Espero que los cambios en los Estados Unidos tambien continuan, porque seria dificil a establecer politicas inteligentes sobre el mundo de las drogas ilegales sin eso. Gracias por su reportaje tan profundo.

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  2. Pingback: Wrapping up the Old Year and Starting Afresh | COLOMBIA CALLS

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