Avances importantes sobre tema de víctimas

27 julio 2014

En junio y julio, los delegados de paz del gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) hicieron avances importantes en el tema de víctimas y las partes reconocieron el derecho de las víctimas a participar en el proceso de paz de manera directa.  (Ver mis últimos artículos sobre este tema aquí.)  Entre sus avances, produjeron una declaración conjunta de 10 principios para acercarse al tema de víctimas y una metodología para componer delegaciones de víctimas que participarán en la mesa en ciclos futuros.  Hace falta socializar y estudiar la declaración de principios que lanzaron el 7 de junio.  Representa un compromiso entre las partes, y ofrece un derrotero para toda la sociedad colombiana.  Leerla aquí o ver el video de la presentación desde la mesa en La Habana:

Derechos de las víctimas

La declaración de principios ofrece un marco conceptual visionario para el futuro de la paz y la reconciliación del país, sugiere acercamientos para discusiones difíciles, y propone un mecanismo valioso para la organización de las propuestas de las víctimas.  Compromete a las partes a reconocer a las víctimas no solo como víctimas, sino como ciudadanos con derechos. Al buscar restaurar sus derechos, empoderarlas como ciudadanos, y resarcirlas, les da la posibilidad de definirse y desarrollarse más allá de su victimización.  El resarcimiento en este contexto no es una caridad asistencial entregada por la bondad del responsable, sino el cumplimiento de una obligación.

En el comunicado conjunto del 7 de junio, las partes establecieron como norte de las discusiones la satisfacción de los derechos de las víctimas en el marco del conflicto, y se acordaron no “intercambiar impunidades.”  Humberto de la Calle, jefe de la delegación del gobierno en La Habana, reiteró el 25 de julio, “Los derechos de las víctimas no son negociables. Lo que vamos a discutir es cómo podemos …  satisfacer de la mejor manera posible los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.” (Ver su declaración aquí.)

Responsabilidades

Como se ha visto en otros conflictos, las responsabilidades para las violaciones de los derechos humanos y el derecho humanitario internacional no se limita a los que tienen las armas sino abarca a todos los que planificaron, apoyaron, incitaron, o no pararon la violencia y las condiciones que la permitieron.  Todos–los medios de comunicación, las instituciones educativas, el sector judicial, los empresarios, las instituciones del Estado, las iglesias, el sector de seguridad, los partidos políticos, la sociedad civil, y la comunidad internacional–tenemos que examinar nuestras responsabilidades y nuestros actos de comisión u omisión. Como señaló De la Calle, “Es esencial que todos los sectores de la sociedad participen en este ejercicio fundamental de reconocimiento de responsabilidades.”

Hay responsabilidades a nivel institucional tanto como a nivel individual.  ¿Qué hicimos o no hicimos que causó daño?  ¿Cuáles son las imágenes que tenemos y que hemos propiciado del “otro”? ¿Qué podemos haber hecho para anticipar y prevenir la violencia?  ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros ahora para conocer la verdad y entender lo que pasó?  ¿Cómo podemos cambiar las condiciones de exclusión y marginalización que nutren la violencia y garantizar la protección de los derechos humanos de toda la ciudadanía en el presente y el futuro? ¿Cómo reparar a las víctimas y a la sociedad?

El reconocimiento de responsabilidades más amplias significa cuestionar cómo pensamos en las víctimas.  Nos pide restituirles agencia, voz, derechos, cuerpo, espacio, participación, dignidad, reparaciones, y justicia.  Eso nos requiere analizar nuestras actitudes, comportamientos, e ideologías–formadas y fomentadas, de manera consciente o inconsciente, por políticas públicas y privadas del Estado, por los medios, y por una cultura de guerra.  Des-estigmatizar a las víctimas requiere escucharlas, entenderlas y descubrir empatía hacia ellas.

Verdad, Justicia, y Reparación

En estos días, se reúnen miembros de los equipos del gobierno y de las FARC en La Habana para establecer las pautas y procesos para una comisión de esclarecimiento que producirá un informe para la Mesa.  El esclarecimiento de las causas, orígenes, y efectos del conflicto es “parte fundamental de la satisfacción de los derechos de las víctimas, y de la sociedad en general,” acordaron las partes en la declaración de principios.  Es un paso previo al reconocimiento de los daños hechos y de las responsabilidades.  “Conocer la verdad forma parte imprescindible del cumplimiento de la justicia y la reparación,” declaró de la Calle el 25 de julio.  La construcción de memoria histórica puede reconstruir la confianza, ayudar a sanar las relaciones rotas en 50 años de guerra, y anticipar medidas que pueden ofrecer garantías de no repetición.  Pero es un proceso no sólo para las partes sino para  toda la sociedad colombiana.

Participación 

La declaración de principios reconoce que las partes en La Habana no pueden satisfacer los derechos de las víctimas sin una participación activa de las víctimas mismas en el proceso.  Reconoce que las víctimas tienen derecho a participar en la construcción conjunta de las medidas de satisfacción, y han abierto el proceso para mejor recibir las ideas e insumos de los más afectados.  

La participación de las víctimas en una capacidad oficial sin embargo tiene sus retos.  Medio siglo de conflicto ha producido más de 6,6 millones de víctimas registradas oficialmente con la Unidad de Víctimas del gobierno colombiano, y casi medio millón de refugiados que viven fuera de Colombia.  El universo de víctimas colombianas es heterogéneo, con un amplitud de hechos victimizantes y perpetradores responsables.  Las características y experiencias de las víctimas varían según región, tiempo, género, etnicidad, sector, religión y por edades.  Además, algunos grupos de víctimas son más organizados que otros, algunos son más reconocidos que otros, y hay grandes sectores de víctimas que no se han organizado.  (Ver más comentarios aquí.)

No todas las víctimas van a poder viajar a Cuba.  ¿Cómo, entonces, seleccionar a quién va? ¿Cuál será un formato adecuado? En su comunicado conjunto del 7 de junio, las partes anunciaron dos mecanismos nuevos  para la participación de las víctimas.  Primero, pidieron a las Naciones Unidas en Colombia y al Centro de Pensamiento y Seguimiento del Proceso de Paz de la Universidad Nacional convocar tres talleres regionales y un foro nacional para que las víctimas mismas pudieron presentar sus propuestas para la mesa.  En el mes de julio, las dos instituciones organizaron tres de estos foros–en Villavicencio, Barrancabermeja, y Barranquilla.  Están programando el foro nacional en Cali para principios de agosto.  (Sobre los foros, haga clic aquí.)  Los organizadores ya habían sistematizado foros previos sobre el desarrollo rural, la participación política, y los cultivos ilícitos.  Muchos de los insumos producidos en estos foros y en anteriores mesas regionales de consulta organizadas por las comisiones de paz en el Congreso colombiano parecen haber informado los acuerdos preliminares de la mesa sobre estos temas.

El segundo mecanismo anunciado es más directo y va en desarrollo.  En el comunicado del 7 de junio, invitaron a una delegación de víctimas a La Habana para participar en la discusión en la mesa.  Dejaron abierta la posibilidad de una participación mayor “por diferentes medios y en diferentes momentos.”  Diez días después, los negociadores anunciaron en un comunicado conjunto que recibirán a por lo menos una delegación de hasta 12 víctimas en cada uno de los próximos cinco ciclos de conversaciones. (Ver el comunicado  aquí.)  Presentaron algunos criterios para la organización de las delegaciones y la selección de los delegados.  Los delegados deben ser víctimas directas del conflicto armado.  “Los criterios principales para la selección de las delegaciones son el equilibrio, el pluralismo y la sindéresis, que se deben ver reflejados en la composición de cada una de las delegaciones,” instruye el comunicado. (Ver “Las víctimas se van a Cuba” aquí para algunas de los dilemas que se presenta la selección.)

Las partes solicitaron la asistencia técnica de las Naciones Unidas y la Universidad Nacional, “en consulta con diferentes asociaciones de víctimas del conflicto,” para facilitar la selección, y solicitaron de la Conferencia Episcopal de Colombia garantías para implementar los criterios acordados. Por supuesto estos dos mecanismos no son los únicos que están recogiendo propuestas, pero están ofreciendo un impulso para la organización de ideas, y en eso la declaración de principios y las delegaciones a La Habana tienen un rol importante.  En una declaración del 25 de julio, Humberto de la Calle notó que la Mesa de Conversaciones ya ha recibido cerca de cuatro mil propuestas sobre el tema de víctimas.  Solicitó a “todos los colombianos, pero especialmente a aquellos que han padecido el yugo de la violencia, que sigan enviando sus propuestas, sus ideas.”

Un nuevo modelo 

Con la decisión de integrar a las víctimas en el proceso de paz, Colombia entra en tierra incógnita.  Hay pocos antecedentes–en Colombia o en otras partes–donde se ha incluido las víctimas en una mesa nacional de negociaciones, y hay pocos lugares donde las víctimas se han organizado y presionado tanto para estar incluidas.

Uno siente que el proceso de paz en Colombia entra en una nueva fase.  Si bien la participación de las víctimas puede crear nuevos dilemas y talvez  expectativas difíciles de satisfacer, las ventajas potenciales son grandes.  Como reconoció de la Calle, “entre más aportes haya [de las víctimas], … mayor riqueza y legitimidad tendrán las discusiones y los acuerdos que logremos.”

Aparte de fortalecer la legitimidad de un proceso que ha faltado de un acompañamiento robusto del público hasta hace poco, y de proveer insumos e ideas valiosos, la abertura de la mesa a las víctimas es ya una reparación simbólica que las dignifica.  Abrir un espacio para escuchar las voces de las víctimas ya comienza a sugerir un cambio en la dinámica de las relaciones de guerra.  Además, ofrece un modelo de resolución de conflictos que se caracteriza por la inclusión del dañado en el diseño de la solución.  Este padrón, bien implementado y con capacidad de réplica, podrá prevenir y reducir la violencia en el futuro, así contribuyendo a las garantías de la no repetición.    

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About Ginny Bouvier

Love reading, writing, thinking, and working with people to make the world a better place. Family and friends, yoga, travel, photography, perusing dessert menus keep me sane. Latin American enthusiast. Peace practitioner yearning for justice. Heading up the Colombia program at the U.S. Institute of Peace, but tweets and posts are my own.
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